Las propiedades terapéuticas de lodos y arcillas son conocidas desde la antigüedad. Los chinos las usaron durante siglos en forma de cataplasmas para curar inflamaciones. Otras muchas culturas del subcontinente indio y de Sudamérica encontraban alivio para las afecciones reumáticas en arenas y arcillas.
Hipócrates (460-337 a.c), uno de los padres de la medicina occidental, las recomendaba en sus tratamientos y otros muchos doctos de la antigüedad, como Empédocles (490-430 a.c.), Galeno, en el siglo II de nuestra Era, o Paracelso, en el siglo XVI, recogieron en tratados de medicina natural múltiples remedios populares a base de arcillas y lodos que aportaban al organismo iones minerales básicos para la salud, como el calcio, magnesio, sílice, hierro o potasio.
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